En el último año, el precio de la carne vacuna trepó más que el doble que la inflación minorista: 72,8 por ciento versus 31,4 en el caso del Índice de Precios al Consumidor de Indec.
La persistencia de aumentos muy por encima de la inflación general convierte a la carne en uno de los principales causantes de deterioro del poder adquisitivo y reconfigura de manera estructural la dieta de los hogares.
Las familias eligen los cortes más baratos o prefieren consumir carnes alternativas como el pollo o el cerdo, que tuvieron incrementos más acordes con la inflación. Los aumentos en supermercados fueron menores a las carnicerías de barrio.