Cincuenta años después, el mismo proyecto económico
Gral. Videla y Martinez de Hoz

Cincuenta años después, el mismo proyecto económico

A cincuenta años de la instauración de la dictadura genocida y el comienzo de lo que luego sería el capítulo más trágico de nuestra historia conviene recordar su génesis y el itinerario político recorrido por la Argentina durante el casi medio siglo que precedió a la instauración del régimen cívico-militar. Un corte histórico, inevitablemente opinable, situaría los inicios de este proceso que desembocaría en el golpe del 24 de Marzo de 1976 en el 6 de Septiembre de 1930 cuando la reacción oligárquica-colonial monta el golpe militar que pondría abrupto fin al gobierno de Hipólito Yrigoyen y revelaría el firme rechazo de las clases dominantes de la Argentina a todo proceso democratizador o a cualquier gobierno que tenga la intención de mejorar la condición de las clases y capas populares.

Los golpes militares de 1955 y 1966 son otros tantos hitos en este proceso de reafirmación conservadora y de resistencia a los avances democráticos y sociales. Mediante el primero se puso fin al gobierno de Juan D. Perón y se proscribió al peronismo durante dieciocho años, destruyendo o debilitando a sus organizaciones sindicales y políticas, persiguiendo y encarcelando a sus líderes y fusilando a sus militantes más combativos. En 1966, ya en el marco de una ofensiva generalizada del imperialismo norteamericano concebida para contener la expansión de la “amenaza castrista” en la región, se produce el golpe liderado por el general Juan C. Onganía en contra del gobierno del radical Arturo U. Illía.

Éste, entre otras cosas, con la Ley de Medicamentos había antagonizado a las poderosas empresas extranjeras del sector farmacéutico e irritado con la revisión de los contratos petroleros firmados por su predecesor Arturo Frondizi a las empresas norteamericanas beneficiaria de los mismos. El tiro de gracia fue su negativa a participar en la Fuerza Interamericana de Paz (FIP) creada por el gobierno de Estados Unidos para dotar de cierta legitimidad a su invasión a la República Dominicana en Abril de1965 destinada a destituir al gobierno “constitucionalista” que apoyaba el regreso de Juan Bosch a la presidencia. El gobierno “gorila” de Brasil (recordemos que en Abril de 1964 un golpe militar había destituido a Joao Goulart) aportó el contingente de tropas más numeroso al que acompañaban pequeños grupos de soldados de Honduras, Nicaragua, Costa Rica, El Salvador y Paraguay.

En suma: los regímenes militares del 1955 y1966 procuraron por todos los medios desandar el camino que había seguido la Argentina en las décadas anteriores, sobre todo los avances sociales y políticos conseguidos durante el decenio del primer peronismo entre 1946 y 1955. Estos intentos tuvieron escasos resultados y fracasada la “Revolución Argentina” de Onganía, herida de muerte por el Cordobazo de 1969 (y numerosas revueltas populares en distintas ciudades del país) precipitaron el retorno de Perón a la Argentina y, a partir del 12 de Octubre de 1973, el viejo general encabezó un gobierno que apenas se extendería por poco más de ocho meses dada su inesperada muerte el 1º de Julio de 1974. La sucesora, María Estela Martínez de Perón, no pudo contener los violentos enfrentamientos al interior del peronismo y los que procedían de las organizaciones guerrilleras, todo lo cual preparó el clima que haría posible el golpe de Estado del 24 de Marzo de 1976.

Este prolegómeno demuestra la continuidad de la dictadura cívico-militar-eclesiástica del 76 con anteriores intervenciones militares cuyo invariable común denominador era desandar los caminos del avance social surgidos de la experiencia inicial del peronismo del 45, la legislación laboral, las políticas de redistribución del ingreso, de industrialización, de fortalecimiento de la “ciudadanía social” con inversiones en la salud, la educación, los subsidios para los servicios básicos de electricidad, gas, transporte, etcétera. La naturaleza de estos procesos tiene el mismo ADN.

Pero dicho esto hay que también decir que la dictadura del 76 fue, de lejos, la más brutal y sangrienta de toda la historia argentina. Perpetró los peores crímenes de lesa humanidad e hizo de la tortura, el secuestro, asesinato y desaparición de las personas la marca distintiva del régimen sometiendo a la sociedad argentina a las peores condiciones de existencia no sólo en el área económica sino también en lo social, lo político y cultural, en la vida cotidiana. Instauró el terror como sistema y como fórmula de gobierno y por varios años logró paralizar la resistencia de la sociedad. Buscó relegitimarse con la aventura de Las Malvinas, pero la derrota a manos de los ingleses aceleró su declinación. Y elijo esa palabra, declinación, porque a diferencia de otros casos -caída de la dictadura griega a las dos semanas de fracasar su intento de anexar a Chipre en Julio de 1974- la derrota militar no produjo el inmediato derrumbe de la dictadura argentina que sobrevivió un año y medio en el poder. Más que derrumbe se trató de una retirada ordenada del poder militar y sus aliados civiles.

Y es precisamente por eso que el legado de la dictadura genocida sigue entre nosotros y hoy se re-encarna en el gobierno de Javier Milei. Éste no sólo es un negacionista de la dictadura sino que da un paso más que ningún gobierno desde el retorno de la democracia se atrevió a dar: justifica la dictadura del 76. Es más, la brutalidad de las expresiones del presidente, tanto en el terreno oral en donde ha superado todos los límites impuestos por la moral y la dignidad propia de su investidura, así como su feroz gestualidad son la expresión en el terreno de la “civilidad” de la barbarie militar que caracterizó a la dictadura. Pero más allá de lo simbólico y lo político hay además una indudable continuidad de fondo entre aquélla y el gobierno de Milei.

Su programa de gobierno es el mismo y representa los intereses del capital más concentrado, nacional o extranjero por igual. Y por añadidura, representa y ejecuta con absoluta fidelidad el proyecto de Donald Trump de total sometimiento de los países de Latinoamérica y el Caribe a las prioridades e intereses de Estados Unidos. En poco tiempo Javier Milei redujo a la Argentina a la condición de un indigno protectorado de Estados Unidos. Todo este cúmulo de cambios, en lo interno tanto como en la inserción internacional de nuestro país, se concretó en el marco de esta democracia de bajísima intensidad a la que se ha reducido hoy la Argentina.

La refundación reaccionaria del capitalismo argentino no pudo consumarse bajo la dictadura; se está haciendo ahora en un marco de democracia degradada, en realidad una “democradura.” Fue José Alfredo Martínez de Hoz, el superministro de Economía de la dictadura, quien advirtió en un libro publicado en 1991 llamado Quince Años Después que las “contrarreformas” que no logró concretar en los cinco años de su gestión como ministro de Economía las estaba en parte realizando el gobierno de Carlos Saúl Menem surgido del voto popular.

En ese libro enumera las doce medidas fundamentales para la refundación del capitalismo argentino pero su empeño fracasó porque la dictadura carecía de la legitimidad y el apoyo social suficientes para acompañar estas iniciativas. Para ello se necesitaba un cambio de mentalidad en la sociedad y también en la clase política, algo que el ex “superministro” advierte en cierta medida en el gobierno de Menem que pudo avanzar -si bien parcialmente, según su opinión- en un programa de características muy similares a las que había tratado de llevar a cabo durante la dictadura.[1] Sintéticamente, el proyecto refundacional tenía los siguientes componentes:

1.-Libertad de precios.

2.-Liberalización del mercado cambiario.

3.-Liberalización del comercio exterior.

4.-Libertad de exportación.

5.-Liberalización de las importaciones.

6.-Reforma del sistema financiero y liberalización de las tasas de interés.

7.-Liberalización de los alquileres urbanos.

8.-Eliminación de las tarifas políticas para los servicios públicos y de los precios subsidiados de los combustibles

9.-Eliminación de los subsidios y de la sobreprotección otorgada a ciertos sectores privilegiados.

10.-Libertad de concertación de los salarios.

11.-Liberalización del régimen para las inversiones extranjeras.

12.-Liberalización del régimen para la transferencia de tecnologías

No hace falta ser un Premio Nobel de Economía para comprobar que el programa que la dictadura no pudo aplicar es el que hoy está llevando a cabo el gobierno de Javier Milei, surgido de un proceso democrático signado menos por méritos propios de LLA y más por el desencanto popular y la frustración ciudadana generadas por las políticas del gobierno del Frente de Todos (2019-2023). El objetivo que tenía la dictadura genocida es el mismo que tiene el “topo” que vino a destruir al Estado desde adentro.

No sólo eso, la pandilla que gobierna la Argentina integrada por estafadores en criptomonedas, corruptos que perciben sus coimas en ciertos gastos públicos (ANDIS es el caso más famoso, pero no el único), mercaderes que compran y venden votos y favores políticos con diputados, senadores y gobernadores y que rematan puestos en sus listas legislativas al mejor postor comparten el objetivo de la dictadura de sentar las bases para una refundación reaccionaria del capitalismo argentino.

Y tal como Marx lo observara en su célebre capítulo sobre la Acumulación Originaria, en El Capital, “el capital viene al mundo chorreando sangre y lodo por todos los poros, desde los pies hasta la cabeza.” Esta frase retrata con exactitud la naturaleza del proyecto libertario y el de sus máximos beneficiarios. Un programa que ha enriquecido a los más ricos a la vez que empobrece y y con la ayuda de los medios de comunicación del establishment crea millones de “analfabetos políticos” que según Bertolt Brecht son los peores, porque “no sabe, el imbécil, que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado y el peor de todos los bandidos, que es el político trapacero, granuja, corrupto y servil de las empresas nacionales y multinacionales.” Esos “analfabetos políticos” son hoy las víctimas que todavía dicen que “hay que darle tiempo al gobierno”, cosa que de concretarse provocaría una crisis humanitaria de proporciones gigantescas.

Por eso es fundamental que, ante tal perspectiva, las fuerzas de la oposición lleguen a un acuerdo para las próximas elecciones presidenciales y elaboren un plan de salvación nacional antes de que sea demasiado tarde. El de Milei y sus mandantes es el mismo proyecto de la dictadura, que nos destruye como nación y cuyo gobierno tiene por guías morales a los dos estados más inmorales, belicosos y violentos del mundo: Estados Unidos e Israel. El primero, según James Carter, con sólo 16 años de 250 de vida independiente sin librar guerras en el exterior.

Por eso dijo que era el país más guerrerista del mundo. El segundo, Israel, dominado por un régimen descaradamente genocida apoyado financiera y militarmente por las potencias occidentales. En suma, dos “estados fallidos” dados su absoluto desprecio por la legalidad internacional, por la democracia y los derechos humanos. No obstante, Milei declaró hace poco en Nueva York que se siente orgulloso de “ser el presidente más sionista del mundo”, una muestra de que la muerte del “otro”, en este caso del pueblo palestino, le importa tan poco a Milei como a los militares del “Proceso” el destino macabro de sus víctimas.

El proyecto, del oficialismo descansa sobre la premisa bárbara de que la “justicia social” es un robo y que, por lo tanto, empobrece masivamente a la población. Pero pese a ese disparate la “justicia social” es un componente necesario para neutralizar y de ser posible superar la desigualdad que el capitalismo crea y recrea permanentemente y que resienten la calidad y la legitimidad del régimen democrático.

La escandalosa manipulación de cifras y datos estadísticos a los que son tan afectos el presidente, sus ministros y voceros pretende ocultar que cuando se adopta una metodología multidimensional para medir la pobreza -es decir, no reduciéndola tan sólo a los ingresos- la Argentina tiene al 67% de su población sumida, en mayor o menor medida, en la pobreza; con ingresos insuficientes y carencias significativas en derechos básicos como empleo digno, acceso a bienes sociales como la salud, la educación, la cultura, la seguridad social para la población de la tercera edad, el acceso a la Internet, a la energía eléctrica, a los combustibles, al gas, a las redes cloacales, a la vivienda, a los alquileres, al esparcimiento. [2] El dizque experto en crecimiento económico e insólito aspirante a Premio Nobel de Economía ha resultado ser el mayor empobrecedor de la historia argentina y el jefe del peor gobierno desde que con gran esfuerzo y sobre todo gracias a la valentía de las Madres de Plaza de Mayo en diciembre de 1983 este país recuperó la democracia.

De Pagina 12

[1]Quince años después (Buenos Aires: EMECÉ Editores, 1991). La enumeración se encuentra en las pp. 96 y ss.

[2] Martín Maldonado, en https://www.perfil.com/noticias/cordoba/especialista-advirtio-que-pobreza-multidimensional-en-argentina-alcanza-67-no-el-316-oficial.phtml

 

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