Karina y su deslomada

Karina y su deslomada

Por primera vez, decidió salir al ruedo. Cultora de un bajísimo perfil público, que evitó romper hasta en escándalos donde apareció mencionada, recién esta semana Karina Milei se animó a cruzar el Rubicón para defender su poder.

Tuvo dos excusas muy válidas, por cierto. En una, al auxilio de su protegido Manuel Adorni, el jefe de Gabinete que se metió solito en un lodazal ético al intentar justificar por qué había subido a su esposa al avión presidencial y a la visita oficial a Nueva York.

“Mi apoyo total e incondicional a @madorni frente a tanta basura mediática. Conozco tu integridad. Eso me alcanza. Siempre con vos”, posteó desde su cuenta la hermanísima presidencial.

La otra sucedió en las horas previas. Fue cuando de manera inusual le retrucó al abogado de la AFA, el inefable Gregorio Dalbón, respecto a que el caso en torno a los turbios manejos de fondos millonarios por parte de la casa del fútbol se iba a arreglar políticamente con Karina.

“Conmigo ustedes no tienen nada que arreglar. Están en manos de la Justicia y si son culpables tendrán que pagar con todo el peso de la ley. Fin”, respondió la secretaria general de la Presidencia con un posteo desde Chile, donde acompañaba a Javier Milei en la asunción del nuevo mandatario trasandino, José Kast.

Cabe preguntarse acerca de las razones de este nivel de reacción. En especial porque prefirió esquivarlo con anterioridad frente a hechos más graves.

Dos ejemplos. En la criptoestafa $Libra, Karina quedó expuesta como la que trataba con la pata interna (Mauricio Novelli & Cía.) y externa (Hayden Davis). En la corrupción de Andis, fue señalada como receptora de coimas por el eyectado director de la agencia y (ex) abogado y amigo del Presidente.

Ante ambas investigaciones Karina mantuvo silencio y sigue contando con la inestable benevolencia judicial. ¿La blindará su elegido en el Ministerio de Justicia, Juan Mahiques?

Para responder al interrogante de por qué antes no y ahora sí Karina se muestra, fuentes conocedoras de cómo se desenvuelve el poder libertario permiten algunas aproximaciones.

Hay un plano que es temporal. En el inicio de la administración Milei, la hermanísima dedicó su mayor energía a contenerlo y acompañarlo. Y dejó a otros protagonistas la gestión (Nicolás Posse, Santiago Caputo, Guillermo Francos).

Luego pasó a adentrarse en las posibilidades del manejo de la botonera desde la Secretaría General, que incluía pero excedía la puerta de acceso al Presidente. Para ello contó con la experiencia de uno de sus lugartenientes, Eduardo “Lule” Menem.

Ese aprendizaje le valió ir por el siguiente escalón: utilizar los extendidos tentáculos del Estado para apuntalar la construcción partidaria nacional y provincial de La Libertad Avanza, que fue examinada con éxito en las elecciones legislativas de octubre pasado.

Hasta ese test clave, un largo proceso que incluyó la euforia por la victoria porteña y la frustración por la derrota bonaerense, Karina prefirió hacer crecer su influencia por debajo del radar. La victoria aceleró hacia afuera lo que ya se vislumbraba adentro.

Desde ese momento, la hermanísima encaró cambios en el sistema de toma de decisiones del Gobierno. Terminó de barrer la endeble resistencia que aún se animaba a ofrecer el asesor Caputo (y que todavía intenta) e inició una renovación de nombres que solo debían contar con su aval.

El ascenso de Adorni, Diego Santilli en Interior, Carlos Presti en Defensa, Alejandra Monteoliva en Seguridad (en acuerdo con Patricia Bullrich) y la reciente llegada de Mahiques a Justicia contaron con la imprescindible aprobación karinista. Más que nunca “el Jefe”, como dice Milei.

Como ya se ha dicho en este espacio, Karina va por más. Y es en este contexto de acumulación y exhibición de poder en el que hay que entender sus apariciones de estos últimos días. Edifica, además, diferentes sentidos en sus mensajes.

La desmentida sobre cualquier tipo de arreglo con la AFA trata de despejar los fantasmas que se azuzaron por el arribo de Mahiques, con históricos vínculos familiares, personales y políticos con el fútbol. El agite provino tanto desde usinas en guerra con Claudio “Chiqui” Tapia como de sectores que continúan respondiendo al asesor Caputo, dentro y fuera del Gobierno. El nuevo ministro de Justicia se vio obligado a repostear a su flamante jefa.

La defensa de Adorni adquiere mayores complejidades y matices. No solo por el hecho de que el funcionario es karinista, que de la Secretaría General de la Presidencia se da el visto bueno de quiénes se suben al avión oficial, o que se ventilen más gastos difíciles de justificar del jefe de Gabinete, como el vuelo privado familiar a Punta del Este. Él le juró que no hay más que esto, en un escueto diálogo telefónico.

Hasta el posteo de Karina, casi nadie del Gobierno había salido a respaldar a Adorni. Ni siquiera el propio Milei, que lo hizo 45 minutos después que su hermanísima. Y con un curioso argumento economicista de “costo marginal”. En el fondo, el Presidente desconoce que la mayor falta es ética (de la que hizo una bandera), y en las formas se aleja del sostén más afectuoso karinista (“siempre con vos”).

Esa diferenciación también conlleva un mensaje. Sobre todo hacia la interna. Para decirlo de una manera brutal, como les gusta a los libertarios: Milei entrega, Karina protege. Es altamente factible que sean dos caras de la misma moneda.

Amén del récord de funcionarios de alto nivel despedidos durante el período mileísta, el Presidente no ha tenido empacho en desprenderse de personas muy cercanas o en las que se referenciaba, aun antes de arribar a la Casa Rosada.

Nombres propios. De Carlos Maslatón y Diego Giacomini a Emilio Ocampo y Carlos Rodríguez. De Nicolás Posse y Victoria Villarruel a Ramiro Marra. La lista es incompleta y en varias de estas rupturas incidió la hermanísima.

Por el contrario, Karina blinda a los suyos. Lo hace ahora con Adorni como antes con los primos Menem, cuando saltó lo de Andis o los contratos con el Estado. O como lo hizo con su operador bonaerense, Sebastián Pareja, ante ácidos cuestionamientos internos por el armado provincial violeta. Por citar apenas un puñado de casos.

A cambio de fidelidad y verticalismo a ultranza, por los suyos Karina se desloma, con perdón de la palabra. De ahí a inmolarse es otro cantar. Habrá que ver si se expone a semejante prueba alguna vez. Pronto, acaso.

 

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