Por qué el acuerdo entre el Mercosur y la UE es un hito que transformará nuestra economía

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    Por Ramón Puerta.

    Recibimos con profunda satisfacción la noticia: hemos llegado a un acuerdo Unión Europea-Mercosur.

    Desde siempre aposté por este tipo de acuerdos. Pienso que hoy más que nunca son imprescindibles.

    En un mundo complejo, multipolar repleto de incertidumbre y confusión creo que la apertura, la integración y los vínculos de los valores atlánticos son fundamentales para el progreso de las naciones cómo también para el fortalecimiento del mundo occidental en el que vivimos. Un mundo de principios que fuimos construyendo a través de la historia con marchas y contramarchas; y que hunde sus raíces en la antigua filosofia griega, en la tradición judeocristiana, en el derecho romano y además todo esos elementos se han visto enriquecidos con el fértil mestizaje de nuestras tierras.

    Ese mundo de valores principios y raíces que trajeron más progreso de la humanidad que cualquier otro se encuentra frente a nuevos desafíos como pasó siempre en el transcurso de la historia. El crimen organizado, el narcotráfico, las crisis financieras, el daño medioambiental, el cambio climático, la violencia, las nuevas tecnologías, el empleo ante el reto de la globalización, la amenaza de la demagogia. Y este mundo necesita dar respuestas políticas en conjunto. Un proverbio africano dice que yendo solo se puede llegar rápido pero solo yendo juntos se llega muchos más lejos. Con este acuerdo estamos dispuesto y preparados para llegar muy lejos.

    La señal política que implica un acuerdo de esta magnitud es de una intensidad y un volumen que conlleva consecuencias de desarrollo decisivas para las naciones que forman parte de las dos regiones. Se trata de un acuerdo histórico en un momento clave.

    Quizás muchas veces se olvida cuando se ingresa el terreno de los tecnicismos, que la importancia política de los grandes marcos institucionales productivos radican precisamente en la certidumbre, la confianza, y la seguridad jurídica que estos generan. Un blindaje de institucionalidad, normas clara y en definitiva derecho supranacional que funciona como antídoto ante cualquier vaivén político doméstico.

    América Latina y Europa se necesitan hoy más que nunca. En un mundo de incertidumbres, en un mundo complejo y multipolar establecer acuerdos institucionales que funcionen y operen como «marco» y que brinden certezas son decisivos para el progreso de la prosperidad y el desarrollo de las naciones que forman parte de ellos.

    Hoy, todos ganamos.

    Al Mercosur, por su parte, el pacto le ofrece la posibilidad de diversificar sus economías y agregar valor a sus exportaciones, además de acceder a un mercado de nada menos que 500 millones de personas, fundamentalmente de clase media y recursos de consumo. Mercosur en su conjunto representa la sexta economía mundial, con un PIB cercano a los dos billones de dólares, y el acuerdo con esta región del planeta brindaría a los países de la UE el acceso a un mercado de 293 millones de habitantes.

    Las relaciones entre ambos bloques son muy intensas. Las exportaciones de esos cuatro países a la UE alcanzaron los 42.600 millones de euros y consistieron sobre todo en productos agrícolas y ganaderos. En sentido contrario, de Europa al bloque latinoamericano, ascendieron a 45.000 millones de euros, sobre todo en maquinaria, transporte e industria química y farmacéutica. La UE es el principal inversor exterior de esos cuatro países, con una tendencia creciente en los últimos años al pasar de inyectar 130.000 millones en 2010 a 381.000 millones en 2017.

    Las conversaciones llevaban más de 20 años y era la hora de dar un impulso potente a este tratado, con generosidad, altura de miras y sentido de responsabilidad histórica. Así fue, así lo hicimos. Debemos estar orgullosos y debe invadirnos una profunda satisfacción que lejos de detenernos para celebrar debe impulsarnos para continuar trabajando en las cuestiones concretas que este acuerdo conllevará.

    Para la Argentina, está celebración es una cuestión, más allá de las consecuencias comerciales y económicas que tiene y que son muchas, que también cuenta con un interés geopolítico evidente porque institucionaliza un modelo de producción. Una señal clave para nuestra inserción inteligente al mundo.

    Hoy estamos más juntos, más unidos, más robustos en nuestras convicciones y somos testigos de un hito de la integración que une dos orillas en un vínculo transatlántico de valores principios y convicciones que harán más prósperos a nuestros pueblos.

     

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